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| Luc Joly y Michel Butor
Formas de escritura Beatrice Berset, 24 de diciembre 1992 | ||
Como toda obra de arte acomplida, el encuentro de la
escritura de Michel Butor y de Luc Joly nos parece
evidente. Es un hecho que percibimos como tal. Existe. Sin
embargo, a partir de ello, cube preguntar el porqué y el
como. ¿Porqué el icono necesita la colaboración de dos investigadores de fondo?... ¿Porqué la búsqueda del sentido necesita esa imagen-inscripción, una y complementaria de ambos artistes, encauzados en vias aparentemente distintas, la literature y la plástica?
¿Estaria la respuesta en la pregunta
misma? Y cita Sophie Teuber-Arp que «tomó conciencia, antes que nadie, de la expresividad de las formas geométricas clásicas, capaces de concretizar las realidades psiquicas con más claridad que las artes de la representación. Ella demostró que la geometria puede superar el pure placer intelectual y expresar major nuestros sentimientos, porque está al margen de todo el mundo visible. » Asimismo, podemos reconocer el sistema de referencias de todo tipo que el autor de La Modification dispone al interior de cada una de sus novelas, la coexistencia de varios lenguajes, literarios y extra-literarios, esos códigos que el escritor llama «colores estilísticos». Conocemos también la diversidad de materiales yuxtapuestos, desde los colajes de Mobile (discursos, catálogos, perfumes, colores...) hasta el calidoscopio de Boomerang que coge al vuelo de un viaje las exclamaciones, aserciones e interrogaciones fáticas que fueran par cualquier parte. Michel Butor novelista textualiza esta desagregación caótica del sentido.
De la invención ilimitada del texto de la vida, él hace una
partitura par un presente observado y un futuro entrevisto:
Notre Faust "fantasia variable de tipo ópera" concevida en
1962 con el músico Henri Pousseur. El Dialogue avec 33 variations de Ludwig von Beethoven sur une valse de Diabelli reintegra, en 1971, el proyecto de la forma musical de un texto literario para amplificarlo. Mientras que el escenario de Intervalle (1978) lo muestra, él mismo, autor, trabajando en una sala de espera de viajeros, cantera de destines innumerables que se estiran en continuas anamorfosis... Dado que Michel Butor fabrica de esta manera libros-objetos en los cuales la tipografía rivaliza el primer puesto con el calidoscopio de la crude vida, de la memoria y de los sentidos; no cabe duda que su colaboración interesaria a Luc Joly, el geómetra que cultiva con placer los grutescos de la anamorfosis. Mejor aún, el pintor publicó en 1980 un libro que lo distingue como escritor: La forma y el signo: una geometria original, en el cual examine las distintas hipótesis en cuanto a la constitución de las formas a través de la memoria étnica, con una tesis central: la cultura heredada del pasado es un denominador común de las actividades actuales. Ella marca con su huella lo que se escribe, lo que se traza o dibuja, puesto que «los trastornos, las guerras o los cataclismos no alcanzan a lesionar las raices culturales, ni las formas y las estructuras plásticas y gráficas, todas ellas más solidarias de la fisiologia del hombre y de su psicologia fundamental que de sus reacciones ante los acontecimientos ». Luc Joly verificó esta perennidad del instincto de las formas par media de una encuesta llevada entre 1976 y 1977 en Europa y en las dos Americas. Propuso a interlocutores varies, procedentes de diversas etnias, miscelánea de todas las clases sociales, de transcribir en un grafismo simple los términos de base de la vida diaria: hombre, mujer, alimento, abrigo, fuego, mano... Los resultados son muy similares y par ende, sorprendentes para Luc Joly que constataba además que «lo que marca la imaginación en sus realizaciones contemporáneas no es necesariamente lo que más corresponde a su culture heredada... ». Los dos creadores, el artiste plástico y el escritor, comparten la misma inquietud fundamental, la de los caminos de la expresión artistica en la culture contemporánea. Ambas sendas se encontrarán gracias a la iniciativa de Luc Joly, en 1985, cuando él piensa que el periodo de coyuntura favorable debería permitir a Ginebra de ofrecer al turismo un tipo de souvenires gráficos distinto al del chorro de aqua (le jet d'eau) o del Palacio de las Naciones Unidas. En efecto, la ciudad podría encargar a sus artistes la propalacíon de su faz y su voz al mundo entero con un nuevo lenguaje. Las tarjetas sobre fábulas, según la expresión de Michel Butor, serían desplegables blanco y negro en las cuales un escritor, un poeta, un pintor y un arista gráfico dialogarían. El cartón extenso se podría plegar al formato de una tarjeta postal para recibir el oval del servicio de correos. Este envio de imágenes - Ginebra 1986 fué realizado par 16 artistes plásticos subvencionados par el Servicio de Bellas Artes y de Cultura de la Ciudad de Ginebra, bajo el label de la firma editora Skira. Michel Butor y Luc Joly comparten un módulo de lenguaje: «la estampilla del correo está al revés, con la cabeza abajo en el sobre...», comenta Butor entre dos animales fantásticos de Joly. El autor de Mots dans la peinture, siempre dispuesto a partir a la aventura, emprendía allí un nuevo itinerario sin brújula, pues, ¿quién sabe adónde lleva un grifón garabateado de Luc Joly?... Los dos artistes decidieron volver a empezar, esta vez, con una pantalla en colores. Luc Joly provee el deshecho de base, el papel que estructuró aplicando algunos colores, algunas curvas, algunas manos-ojos-boca-nariz, algunos monstruos sonrientes o ensangrentados, algunos rostros pensativos... Butor viaja en ellos, sembrando sobre notitas blancas sus interjeciones, asiertos, consejos, conformidades que se escuchan en las sales de aeropuerto, cuando esperamos partir, cuanto anticipamos el viaje, cuando pensamos en nuestra superficie en media del caos enfurtido. El Rhum de las esperas; Las montañas; Tú, son cuadrados de escritura; Buscas la llave; Yo transmito el mensaje... escritos con lápices Caran d'Ache, los de la caja más grande. Luego los pega, los desparrama sobre el tren de viaje de Luc Joly, los pega con scotch de colores, los combina con las barras que interceptan el colaje primitivo, el de la tipografía tan seria o tan tonta, tan reglamentariamente publicitaria. ¡Ah, la libertad de los artistas! Sobre las mesas de la Escuela Superior de Arte Visual (ESAV), en Ginebra, el trayecto duró una hora, par picos e abismos, par cerros llanos negados. Luc Joly, más tarde, va intervenir otra vez con nuevos recortes, con subsiguientes coloreos... De la cantera-caos de los primeros elementos al caos organizado según el eterno regreso. Migajas de cultura, zapping del viajero de televisión, escrituras informales que se convierten en formas, colores, recuerdos, nostalgia, frustración...
«Yo inscribo mis imágenes en los soportes aleatorios
que contienen ya otras imágenes, objetos o tags de
teléfono... », explica Joly. Luc Joly aparta y conduce su línea hacia las formas y los volúmenes de esos azares en cadena, rescata sus colores, los deshechos, todo el pasado utilizado y en adelante inutilizado, salvo para el artista, al comienzo, gazapo de una nueva máscara radiante de porvenir. "Visión programada de un teatro necesario, inmóvil, permanente, surgiente a cada despertar para seducir de nuevo, un día más; «Percepción del espacio, o de la felicidad de desplazarse, de motivarse, de emprender nuevos lenguajes - como aquellos del gesto y del color-hace olvidar, perder, dejar, abandoner, traicionar" titulaba Luc Joly sus grandes alusiones-ilusiones en una exposición en la antigua fábrica SIP, en noviembre de 1992, en Ginebra. No es sorprendente que Butor y él se encontraran en la intersección de sus líneas respectivas, partiendo de horizontes opuestos, reunidos par los melindres mortales de un tiempo que comparten para dar una vuelta y se van. | ||
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